¿Qué tienen, pues, queridos amigos? Pues que, para empezar, son una actividad que separa al común de los mortales de los que viven, respiran y transpiran lujo y glamour.
Sí, queridos amigos. Comentaristas todos, Borja amigo, ¿habéis estado alguna vez en una subasta? No, tute subastado no cuenta. La lonja del pescado tampoco. No, ¿verdad?
Poned en una fila a personas normales junto con un billonario. Poned también a un woser. El normal nunca habrá estado en una. Habrá comprado un videojuego de segunda mano en eBay. El woser se habrá puesto sus mejores ropas de woser y habrá ido a Christie’s o Sotheby’s.
Quien es rico, pero rico de verdad, habrá visto un objeto único, algo que, en el momento que esté en su posesión, no puede estar en la de ningún otro ser vivo, algo que no sólo necesita dinero, cantidades obscenas, para ser comprado, sino que te define, te crea, te individualiza. Y pagará doscientos millones de coronas noruegas por un guardapelo con cabello de Gandhi, sin preguntar siquiera su procedencia.
Archive for July, 2009
En el colegio de frailes irlandeses al que asistí en mi niñez me explicaron que el agua era incolora, inodora e insípida. Hasta que uno contempla el agua del grifo en las Bahamas y se da cuenta que puede ser no sólo odora, sino también sólida y con todos los colores del arcoiris simultáneamente. Prefiero no recordarlo, queridos.
En el extremo opuesto, ¿puede ser un lujo beber agua? ¿En qué le incrementa a uno el glamour sostener con la mano derecha un vaso de Bling? ¿La obra maestra del destilador sólo admite cubitos 10 thousand BC?
La respuesta, queridos amigos, es que no. Nada que cueste 35$ la botella puede ser considerado lujoso. Caprichoso, quizás. Exclusivo, puede. Pero de ahí a considerar un lujo algo que no deja de dos bolitas blancas unidas a otra bolita roja en grandes cantidades, va un largo trecho.
Y ni siquiera he mencionado el glamour. Así que caveat emptor
