Eventos

Bailad, malditos

Posted by fisj on May 22, 2009
Austria, Bailes / 3 Comments

Viena es ciudad de bailes. Y no me refiero a la actividad, sino al evento. Casi todos tienen algo de lujo y glamour, pero el original, el de la Opera, el Opernball, ha perdido mucho desde que dejaron que Paris Hilton asistiera en el año 2007. ¿Que quién es Paris Hilton? Precisamente. Además, lo han convertido en una franquicia, con sucursales en Dubai y en Hong Kong. ¿Qué glamour tiene una franquicia?
El baile de los ricos y orgullosos, ése es al que hay que ir, en el que hay que dejarse ver. Porque quizás ignoráis que los ricos tienen un poco de brasileños y cubanos: tienen el baile en el cuerpo. Otro baile, un baile que exprese lujo y glamour, claro. El vals (pero solo el vienés), la polka, y el estilo cotillón. Que es un estilo, no un sarao de fin de año. Quede claro.
Y esos son los bailes precisamente que se permiten en donde he tenido no diré la suerte, sino el privilegio de asistir. Viendo las filas de mujeres en traje de noche y hombres en chaqué danzar al compás, se diría que son un ejército que desfila tras su campaña victoriosa de conquista del mundo. Un ejército sonriente, como el que nos saludaba desde el otro lado de las puertas. Yo también lo hice cuando era más joven. Lo bueno de las manifestaciones es que puede entrar cualquiera, hasta los ricos. Ahora, con esta edad no, que se pone uno todo perdido de spray, moretones de las pelotas de goma y caca de caballo. Pero con otra, si.
Lo bueno de los bailes exclusivos es que no puede ir cualquiera. Aunque un poco antes de que se revelaran las caras, a eso de la medianoche, vi a una pareja en un estado bastante lamentable tratando de entrar por la fuerza. Eso, simplemente, no se hace. Recordad, queridísimas lectoras y queridos lectores, si no os invitan a una fiesta, ¡no tratéis de colaros!
Y eso es todo, chicos. La próxima, de V a V y tiro porque me toca, Venecia, donde el lujo y el glamour están adobados con cagaditas de paloma.

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Desagraviando templarios

Posted by fisj on May 06, 2009
Eventos, Francia / No Comments

Aunque servidor (no de ustedes, sólo de mi reina) sea presbiteriano por parte de madre, y budista por parte del gap year que se pasó mi padre en la India, hay que reconocer que hablando de lujo y glamour hay pocas lecciones que darle a la Iglesia Católica Apostólica y Francesa. Esas casullas, esos ornamentos sagrados de mesa, esos mantos y esas mitras que pocos, desde entonces, han sido capaces de imitar, y mucho menos igualar en esplendor. Por eso, cuando me llegó a mi correo electrónico (no al vuestro, que es fisj@lujoyglamour.net, donde os espero), una invitación de la orden del Temple para asistir a una misa de desagravio, y precisamente en Paris, decidí cancelar mis planes de ir a las carreras de Ascott y ponerme mis mejores galas, galas que no describiré para que vosotros, gaznápiros malandrines (dicho desde el cariño, que conste), no descubráis quien soy de verdad.
Baste deciros, dilectos parroquianos, que esos cantos, ese frufrú de sotanas, ese glamour de las filas 3, 5 y 8 (concretamente esas, el resto estaban llenas de roosers, para qué voy a mentiros), te elevaban al cielo en brazos de ángeles, y cuando ya estabas en el cielo, te hacían una paradiña en una nube y te volvían a subir. Disfrutamos tanto como el rey francés Philippe cuando mataron al último gran maestre arrancándole pedacitos de carne con una cuchara de postre. O algo de eso, por pudor y dignidad no se comentaron los detalles, pero para eso tenéis la Wikipedia, amiguitos.
Comentando con mis pares a la salida, mientras degustábamos un excelente cassis, todos estuvimos de acuerdo que habría que suprimir alguna que otra orden de caballería, o incluso de infantería, con cierta periodicidad. Incluso sin cucharillas de café. Sólo por lo bonitos que eran los actos de desagravio. De veras.

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