Los barcos de los países que no tienen mar están dotados de cierto glamour decadente y pretencioso que los hacen especiales para mi. Austria es uno de esos países, y el barco en el que paseé por el Danubio, de un intenso azul a la altura de Linz, uno de esos barcos. Nada de líneas modernas, nada de 40 nudos o más, nada de eficiencia: lentitud majestuosa, para que cada detalle de los bancos del río, cada abadía, cada castillo, cada embarcadero, cada fábrica que vierte residuos tóxicos, si, también las hay, sean absorbidos por el viajero que, desde las hamacas de la cubierta y vestido con la inevitable gorra marinera (y sin pipa, no soporto la pipa, me hace un perfil espantoso) se toma tranquilamente un vino blanco austriaco y oye música tecno industrial. Porque los valses están bien, pero al cabo del quinto todos te parecen iguales.
Medios de Transporte
Creo que el batiscafo es uno de los medios de transporte en los que todavía no he posado mis bien llamadas posaderas. Del resto, siempre suelo elegir lo que me lleve con más comodidad, o, en general, en el que me hagan más la pelota. Pero en Suiza, ay amigos, en Suiza hay que viajar en tren y en primera. El lujo no sólo está en los objetos, está en las actitudes y es un lujo saber que si el tren va a salir a las 08.02 lo hará a las 08.02, y si va a llegar a las 12.21, lo hará a las 12.21; el número de vacas que se ven por las ventanillas y el de cumbres nevadas está también garantizado por la dirección, así como el hecho de que en todos los compartimentos se encuentre una princesa rusa exiliada y un asesor financiero.
No os puedo describir el placer que se siente leyendo la prensa económica en un país que nunca sale en la misma, tomando el chocolate que te dejan en el asiento, hecho con cariño a partir de cacao extraído en países a los que también explotan con cariño (y con toda eficiencia), e incluso mirar el Rólex para ver que, efectivamente, has llegado a tu destino a la hora prevista.
Se ve que esa eficiencia tiene un precio, y Suiza es uno de los países que más balnearios y spas tiene por habitante. A uno de ellos me dirijo, precisamente. Desde allí os contaré. Os lo prometo.
