La tradición oral de la comunidad de San Ciríaco de las Nieves, situada un poco al norte de Trondheim, en la Noruega vikinga y marinera, dice que provienen de una expedición enviada por Felipe IV para invadir este inmenso país y que, tras establecer una cabeza de playa, fue olvidada tanto por la monarquía que los envió como por los nativos invadidos. En realidad, es más probable que su fundación provenga de un grupo de estudiantes Erasmus aficionados al modelismo de la NTNU que se fue de litronas un poco más lejos del campus de la cuenta y luego no supo volver. Sea como fuere, han recreado una posada castellana del siglo XVI sin ninguna de las incomodidades de las mismas (que eran muchas y variadas), y han construido un galeón con el que se puede navegar por los fiordos en pos del largo atardecer mientras se toma carne de reno disuelta en akvavit Løiten. Desde ahí les despido, queridos, y hasta la próxima.

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