Para emitir glamour, porque el glamour se emite, no se lo pone uno encima, cher amis, hace falta que todas las células de tu cuerpo emitan pulsos al mismo ritmo, y para ello, hay que estar relajado. Se critica de los ricos que siempre están descansando y de vacaciones, pero estáis muy equivocados, amigos: están dedicados al duro trabajo de hacer que sus células se relajen y emitan glamour como un láser glamouroso.
Para eso se viene a Vals (insértese aquí broma inane sobre el baile de la corte austrohúngara), donde un ejército, qué digo ejército, una alianza de las civilizaciones completa lo ataca, maltrata, luego mima, y luego vuelve a maltratar, y al cabo de varias embestidas, te lo deja radiante, afinado como un violonchelo, y listo para convertirse en el faro que atrae a las embarcaciones que buscan el glamour.
Como os digo, es una batalla por desalojar a la Al Qaeda del estrés de los cuévanos de tu cuerpo en los que se han alojado, y en la batalla se necesita una ayuda de campo. Una chica suiza, Annli (no es su verdadero nombre, es Chantal (tampoco lo es, ¿creíais que se me había escapado, dear friends?)) me ayuda en estas tareas, me dirige de una trinchera a otra, e incluso me da un masaje para relajarme de tanto relax. ¿Qué más se puede pedir? Lujo dentro del lujo, en Suiza. Venid cuando podáis.
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